Muchas de las incidencias que se detectan en las empresas no tienen que ver con la falta de conocimiento técnico. En la mayoría de los casos, el origen está en algo mucho más común: falta de tiempo, de atención o, sobre todo, de procesos claros y herramientas adecuadas que ayuden a trabajar con coherencia en el día a día.
No es falta de ganas. Es que me come el día a día.
Hace unos días, en la reunión final de una auditoría, me encontré diciendo:
“Debéis tener cuidado con…”
- Algunas personas llevan pelo fuera de la cofia
- Se han encontrado restos de comida en las papeleras de los vestuarios
- Un trabajador llevaba un reloj
- Había envase en contacto directo con el producto mal protegido en el almacén
- Los productos químicos no se encuentran cerrados con llave
- Etc.
Y mientras lo decía pensaba: esto no es técnico. Esto es cultura.
Porque no me malinterpretéis, yo no estoy pidiendo un papel más, ni un registro nuevo, ni un procedimiento “para cubrir el expediente”.
Lo que estoy viendo es otra cosa: pequeños detalles que se repiten y que, en realidad, nos están diciendo algo mucho más grande.
Esto sigue pasando… y no es casualidad
No sé si os suena, pero en los tiempos que vivimos esto sigue ocurriendo.
No es que el equipo no trabaje; es que dedica toda su energía a generar la evidencia de que cumple, en lugar de asegurar el cumplimiento en sí. Se firman registros por inercia, se revisan checklists de memoria y se validan procesos de forma automática porque el sistema es tan farragoso que no deja margen para más.
Al final, el sistema de gestión se convierte en un ente paralelo: una montaña de registros que dice que todo está bajo control, mientras que en la planta, el pelo sigue fuera de la cofia y los químicos siguen sin llave. El papel está perfecto, pero la seguridad alimentaria está en riesgo.
Pero en el fondo, lo que pasa es que el cumplimiento se vuelve intermitente:
a ratos sí, a ratos no, dependiendo del ritmo del día.
El problema no es que un trabajador esté con el reloj en la planta. El problema es lo que hay detrás. El problema es que el sistema permite que eso pase. Y cuando pasa una vez, suele pasar más.
Lo mismo con el pelo fuera de la cofia, los químicos sin llave o un envase mal protegido.
No son “cosas sin importancia”.
Son señales claras de que la cultura no está interiorizada.
Y la cultura no se consigue diciendo “hay que tener cuidado”.
Se consigue con hábitos, con rutina y con consistencia.
En mi día a día hablo de la importancia de cumplir todos los días.
Y aun así, sin darme cuenta, a veces digo:
“tened en cuenta que ahora están las auditorías no anunciadas…”
Y cuando lo pienso, me pregunto:
¿De verdad debemos seguir funcionando por el miedo a que nos pillen?
¿No deberíamos trabajar igual siempre, sin temer el día que tengamos una auditoría? Porque si el motor es “la auditoría”, lo que construimos es tensión, pero no construimos cultura.
¿Dónde está el origen último? Para mí el origen está aquí: “me come el día a día”
Y cuando te come el día a día, aparecen frases que se repiten en todas partes:
- “no puedo más”
- “no me da la vida”
- “necesito tiempo”
- “ahora mismo no llego”
Y ojo, no lo digo como crítica, lo digo porque es la realidad.
Los responsables de seguridad alimentaria muchas veces están atrapados en el modo supervivencia: apagando fuegos, resolviendo lo urgente, cubriendo huecos, solucionando incidencias… y llegando como pueden.
Y en ese escenario es muy difícil hacer lo que realmente cambia las cosas:
parar, analizar, observar, formar, corregir hábitos y mejorar el sistema.
La cultura de seguridad alimentaria no se implanta con un día de formación al año. Ni con un recordatorio en el vestuario. Ni con “más controles”.
Se implanta cuando hay:
- ejemplo real de los mandos
- procesos claros y fáciles de cumplir
- seguimiento diario (aunque sea breve)
- corrección inmediata y sin drama
- y refuerzo constante (constante es: constante)
Y para todo eso hace falta lo que casi nunca se protege: TIEMPO.
Conclusión
Si una empresa quiere mejorar de verdad su cultura de seguridad alimentaria, tiene que entender esto:
Sin tiempo no hay cultura.
Porque cuando el sistema depende de ir corriendo, de “cuando pueda” o de “a ver si hoy me da tiempo”, lo único que conseguimos es que la seguridad alimentaria se convierta en una carga más.
Y una cultura no se sostiene con presión.
Se sostiene cuando alguien tiene espacio para construirla, mantenerla y reforzarla cada día.
Liberar tiempo no es un lujo. Es una decisión estratégica.
Porque si no damos tiempo para prevenir, solo nos queda tiempo para corregir.
¿Cómo ganamos, entonces, ese tiempo que nos falta?
La respuesta no es trabajar más horas, sino trabajar de forma diferente. La clave está en dejar de ser “esclavos del dato” para ser líderes de seguridad alimentaria.
Aquí es donde entra el diseño de procesos robustos y eficientes. La tecnología con propósito. Invertir en una herramienta como Smel food no es simplemente digitalizar registros; es una decisión estratégica para automatizar lo que la máquina hace mejor que nosotros: organizar tareas, alertar de incumplimientos en tiempo real y asegurar procesos robustos que no dependan de que alguien “se acuerde”.
Smel food nace de miles de horas de auditoría para eliminar la fricción del día a día. Al agilizar las tareas burocráticas y reducir el error humano, Smel food te devuelve el oxígeno que necesitas para sacar la cabeza de la operativa diaria.
Porque la tecnología puede gestionar datos, pero no puede crear cultura. Ese es tu trabajo real. Smel food optimiza tu tiempo para que tú puedas dedicarte a lo que la tecnología nunca podrá reemplazar: formar con mimo, observar con atención y construir una cultura de seguridad alimentaria real y consolidada.
Es hora de dejar de ‘apagar fuegos’ para empezar a construir.
Si te has reconocido en alguna de estas situaciones, quizá el problema no sea el esfuerzo del equipo, sino el sistema con el que trabaja. En Smel food ayudamos a las empresas a liberar tiempo, reducir fricción y construir procesos de seguridad alimentaria que se sostienen en el día a día, no solo en auditoría. Si quieres ver cómo trabajar con más control real y menos desgaste, podemos enseñarte Smel food en una demo sin compromiso y analizar juntos si este enfoque encaja con tu realidad. Contáctanos.
